
La luna estaba zurcida al techo, y su recuerdo a mi corazón.
Recuerdo aquella noche que viajé a ella por la escalera de plata y cristal de tu cuerpo desnudo, perdiéndome en las estrellas de tus ojos color miel.
La luna estaba menguando, como mi cama sin ti.
Ahora todo parece más triste y más oscuro, más cargado y asfixiante, como el aire viciado de esta habitación de paredes que se encogen persiguiendo la luna, como los latidos de este corazón que se pudre persiguiéndote a ti.
Ya no volveré a perderme en la melodía de tus gemidos, en los montes serenos de tu cuerpo cálido. Que si la cama era un lienzo nosotros éramos prosa y éramos verso…
Éramos arte lascivo denominado sexo.
Recuerdo aquella noche que viajé a ella por la escalera de plata y cristal de tu cuerpo desnudo, perdiéndome en las estrellas de tus ojos color miel.
La luna estaba menguando, como mi cama sin ti.
Ahora todo parece más triste y más oscuro, más cargado y asfixiante, como el aire viciado de esta habitación de paredes que se encogen persiguiendo la luna, como los latidos de este corazón que se pudre persiguiéndote a ti.
Ya no volveré a perderme en la melodía de tus gemidos, en los montes serenos de tu cuerpo cálido. Que si la cama era un lienzo nosotros éramos prosa y éramos verso…
Éramos arte lascivo denominado sexo.